Lo mejor de las vacaciones incoporado a tu vida.

Lo mejor de las vacaciones incoporado a tu vida.

¿Eres de esas personas que llenan su casa, o las de sus familiares y amigos, con souvenires de sus vacaciones? Te invito a que te traigas otro tipo de recuerdos.

En vez de plantearte lo malo de la vuelta al trabajo (¡cuántas personas quisieran tener un trabajo al que volver!) piensa en lo bueno de las vacaciones. ¿Qué es lo que más te gustó de ellas? ¿Qué hizo que te cargaras las pilas? ¿El sol, la playa, dormir más, estar con la familia, el contacto con la naturaleza? Si pudieras quedarte con alguna de esas cosas ¿con cuál te quedarías? Elige una y busca la forma de incorporarla a tu vida día a día o cuantas más veces puedas. Si realmente te interesa encontrarás el modo de hacerlo por imposible que te parezca. Si cada año eliges una, de aquí a cinco veranos podrás tener todas las que enumeré en la pregunta anterior como parte de tu estilo de vida y no solo en las vacaciones.

También puede suceder que descubras algo curioso al reflexionar sobre este tema. Eso que en apariencia anhelas no tiene cabida en tu vida. Está muy bien unos días al año y poco más. Perdería la gracia si lo tuvieras todos los días. En realidad esa “cosa” es una necesidad creada por esta sociedad de consumo. Te has creído que te satisface, que nutre alguna de tus necesidades, cuando en realidad lo único que logras con ella es entretenimiento barato y vacío de contenido, como cuando a un bebé se le pone el chupo en la boca hasta que podemos darle la teta o el biberón.

Te voy a confesar las cosas que yo he incorporado a mi vida en los últimos cinco veranos: 

A los 42 años empecé a correr media hora. Primero tres días a la semana. Luego fui aumentando hasta que corría esa media hora todos los días excepto alguno. A día de hoy soy atleta veterana federada.


A los 43 hice hipopresivos todos los días excepto uno de descanso. Ahora no me conformo con ser monitora de hipopresivos, además estoy aplicándolos de forma innovadora al mundo la música.

A los 44 mantuve mi nuevo diario, nada fácil con el caos que puede suponer estar de vacaciones. Uno de los hábitos que recuperé en mi Certificación como Coach Educativo fue escribir todos los días por la mañana, antes de levantarme de la cama, en una preciosa libretita, una frase, una intención, una idea, un sueño. Y antes de meterme en la cama, en esa misma libreta escribo una reflexión, un balance, un perdón, un despejar la mente antes de entregarme al merecido descanso. Ese simple gesto me permite empezar y terminar el día con la tranquilidad de las vacaciones incluso en los momentos de mayor estrés.

A los 45 busqué el silencio y la calma y mantuve conversaciones con personas muy importantes para mí, de esas en las que hablas sobre lo divino y lo humano y al mismo tiempo sobre tonterías. Con ello logré agudizar aún más mi capacidad de escucha y fortalecí mi relación con esas personas, con otras y conmigo misma. Desde entonces me resulta más fácil hacer meditación todos los días.


- Y ahora, a los 
46, empecé a poner en práctica con mis hijos las recomendaciones del libro "Menos es más"de Francine Jay. Ropas, libros, juguetes, cachivaches varios, infinidad de cosas, durante tooooodo el verano, han ido desapareciendo de casa o teniendo un lugar claro en el que estar. Al fin y al cabo, cuando te vas de vacaciones no te llevas toda la casa a cuestas y en cambio disfrutas más de cada segundo de vida.
 

Cinco cosas que quería hacer. Cinco hábitos que he incorporado a mi día a día. Cinco gestos que de algún modo me permiten mantenerme en un estado de perpetuas vacaciones. Es más fácil de lo que parece y te aseguro que reconforta y te carga las pilas de por vida. Empieza hoy mismo. ¿Qué fue lo mejor de tus vacaciones y cómo puedes mantenerlo el resto del año? Tu respuesta te dará una idea. Luego solo te queda pasar a la acción. Ya me contarás el resultado que consigues. A buen seguro tu experiencia servirá para inspirar a otras personas. ¡Feliz vuelta a todo! ¡Mucha música y mucha salud!



 



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